martes, 26 de julio de 2011

NUEVO PÁRROCO EN SANTA ANA






































El hasta ahora, administrador apostólico de la Parroquia de Santa Ana, Don Luis Salado de la Riva, ha sido nombrado hoy día de Santa Ana, Párroco de la misma y Director Espiritual de la Hermandad Sacramental de la Candelaria.
Don Luis, fué ordenado sacerdote el día 1 de Octubre del año 2000 y se le dió como destino el cargo de coadjutor en Nuestra Señora de la O y párroco de la de San Pedro de la Jara en Sanlucar de Barrameda. En ambas parroquias permaneció hasta 2010 en que vino a Jerez como coadjutor de la Parroquia de las Nieves. Actualmente es también Capellán del hospital de Jerez.
En una brillante ceremonia presidida por El Rvdo. Sr. Don Miguel Angel Montero, Secretario General Canciller y delegado del Sr. Obispo para la ocasión, dió comienzo la Santa Misa en la que en primer lugar se dió lectura al decreto del Sr. Obispo en el que nombraba Párroco de Santa Ana al rvdo. Don Luis Salado y a un segundo decreto en el que se nombraba al mismo, Director Espiritual de la Sacramental de la Candelaria.
Concelebraron la Santa Misa entre otros, y acompañando a Don Luis, Don Francisco Fuego, ecónomo de la diócesis. Don Diego Moreno, Notario. Don Antonio Gutierrez, Salesiano. Don Luis Nuñez, Prelado de Honor de Su Santidad.
Don Luis dió lectura al Evangelio, trás el cual Don Miguel Angel Montero, pronunció una homilía cargada de sentimientos de afecto personal hacia Don Luis y de reivindicación del apostolado del Sacerdote y del amor que Dios tiene hacia cada uno de nosotros.
Posteriormente en el transcurso de la ceremonia se siguió el ritual de introducir al nuevo párroco en las funciones parroquiales.
Terminó la ceremonia con una intervención por parte de Don Luis que fué acogida con un cariñoso aplauso por los fieles asistentes que abarrotaban el templo, y en el que se confundian, familiares con jerezanos y sanluqueños.
En la azotea de la casa de la Hermandad, se celebró una convivencia regada con un Jerez de honor.
Todo lo mejor para ese nuevo párroco de Santa Ana, Don Luis Salado, que cada día que se levanta trata de ser una buena persona.
Dejo un escrito de Don Luis del año 1999 en el que detalla su vocación sacerdotal.

"MI CRISTO DE LAS PENAS"
Pascua 1999.
Con las estadísticas en la mano, son bastante pocos los muchachos que escuchamos la llamada de Dios para ser sacerdotes. (Digo escuchamos, porque estoy plenamente convencido de que Dios está llamando a muchos más jóvenes de los que en la actualidad formamos el seminario).
Es verdad que Dios no utiliza grandes prodigios para llamar a nadie a ser cura: La vocación es el resultado de una serie de factores que combinados dan lugar a un cocktail, que si bien no es molotov, no es menos cierto que es bastante difícil de esquivar.
Estos factores, a mi juicio, y al de algunos especialistas en el tema, son fundamentalmente tres: La familia, la parroquia y el colegio.
En mi caso estos tres factores fueron decisivos a la hora de escuchar la llamada que Dios me estaba haciendo para ser sacerdote:
Desde niño siempre viví en un hogar donde se respiraba un ambiente religioso: Mis padres me hablaban de Dios y me llevaban a la Iglesia, y yo, que era un imberbe, iba "mamando" toda una espiritualidad que hoy es el fundamento de mi relación con Dios: ¿Dónde estaría yo hoy, si mis padres hubiesen pasado de llevarme a la Iglesia o de hablarme de Dios?.
Mi parroquia de San Juan de Ávila ha crecido junto a mí, (recuerdo mis partidos de fútbol en el solar que hoy es la Iglesia); era yo un niño cuando a mi barrio y a mi parroquia llegaron dos curas con sotana: D. Fernando y D. José Rueda. Ellos dos y mi catequista Isabel fueron personas importantísimas en mi trayecto vocacional: La figura de estos dos hombres de Dios siempre me llamó la atención: No sé que hubiese pasado si otros sacerdotes hubiesen sido mis párrocos, quizás mi vocación hubiese surgido también, no lo sé, lo que sí sé, es que los hermanos Rueda tuvieron un papel decisivo en mi vida de cristiano durante mi infancia, adolescencia y juventud.
Y para rematar el colegio: Soy consciente del privilegio que supone educarse en el Colegio de los Marianistas: Desgraciadamente no todo el mundo tiene la suerte de poder educarse en un colegio de este tipo, pero, los que si tuvimos la suerte de estar en él, no podemos obviar que el estar en un colegio religioso proporciona a la educación un sello que es bastante difícil de encontrar en otros ámbitos educativos: Durante los 14 años en que estuve en los Marianistas raro era el día, creo que no existió, en que no hubiese una referencia, aunque fuese mínima, a Dios.
Los tres factores que os he enumerado, hicieron que yo poco a poco me fuese planteando que pintaba Dios en mi vida v que quería Él que hiciese yo para seguirle. Pero mentiría si no añadiese un cuarto pilar sobre el que se fue asentando mi vocación y mi seguimiento a Cristo: Mi devoción a la imagen del Cristo de las Penas: También desde niño siempre me inspiró bastante, la bendita imagen del Cristo al que me dirigía cada vez que algo tenía que contarle a Dios. Un buen día decidí tenía 11 años- "apuntarme" a la Hermandad de los "Judíos de San Mateo" y desde entonces comencé a acrecentar una devoción que cada día de mi vida me ha acompañado en los momentos alegres y no tan alegres durante mi trayectoria cristiana.
Soy consciente de un punto de partida: Las dos cosas más importantes la vida del cristiano son Eucaristía y la Palabra Dios: Por medio de Eucaristía los creyentes Jesús podemos recibirle cobrar la fuerza necesaria para ser testigos de Él en el mundo, y con la Biblia, que es el conjunto total de la Revelación, todo lo que Dios nos ha querido decir en orden a nuestra salvación ya está, valga la redundancia, dicho.
Hecho este importante apunte que puede disipar cualquier temor a estar delante de un idólatra, he de admitir que como andaluz y jerezano hasta la médula, Dios me atrapa también por el terreno de los sentidos, y por qué no decirlo también de los sentimientos. Considero que la devoción a una imagen no es algo que haya que tachar por principio como algo pernicioso, inválido o de cristianos de poca monta como así se tilda en algunos ámbitos a todos los cofrades, cometiendo la torpeza de juzgar por las apariencias y generalizando a todos que quedan metidos en un mismo saco de inautenticidad, infidelidad al Evangelio y fariseísmo.
Desde mi humilde experiencia la devoción a una imagen puede ayudar a acercarnos más a Dios; y como quiero demostrarlo voy a apuntar tres motivos por los que digan lo que digan seguiré siendo devoto de mi querido Cristo de las Penas
El primer motivo es que me ayuda a dirigirme a Dios: Todos tenemos algo que nos ayuda a concentrarnos en la oración: Al margen de la Palabra de Dios, que como ya dije al principio es insustituible: Otros se valen de determinadas músicas de relajación, de iconos, de libros... medios humanos que yo respeto mucho, pero para mí, el mejor icono de Dios, el que mejor me entra por los sentidos, es la escultura de mi Cristo de las Penas.
El segundo motivo que encuentro para seguir teniendo devoción a mi Cristo es su propia advocación: Las Penas: Mi Cristo lloroso y sangrante me mira y me pregunta por mis hermanos que como Él pasan penalidades y angustias, no consigo esquivar esa mirada y mi devoción al Señor de las Penas me ayuda a ser Buena Noticia para todos, especialmente para los abatidos.
El tercer y último motivo es el observar con la vista y los sentidos como nuestro Dios no rehuyó el sufrimiento: Cuando en mi vida he pasado momentos difíciles siempre me ha confortado observar un Cristo angustiado, pero que vencerá a la muerte con su Resurrección. Ante tanto desconsuelo como hay hoy en nuestro mundo: ¿No es válido presentar a los hombres a un Cristo que nos acompañó en nuestras penurias, pero que vencerá a la muerte?.
Luis Salado de la Riva.
Al final se cantó la Salve a María Santísima de la Candelaria.

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